lunes, 25 de marzo de 2013


Valores morales para combatir la violencia

   Hay que volver a unir los valores humanos a su fuente transcendental. La más honda enfermedad de nuestro tiempo es la falta de valores decía A.H. Maslow.

   En una sociedad como la actual faltan recursos de sensibilidad hacia los grandes problemas de nuestro mundo, hablar de sensibilidad refiere al  acto de educar en  el sentido más hondo de la palabra, acompañar al que se educa para que encuentre su propio sistema de valores que orienten sus energías mas humanas hacia metas mas solidarias, mas transcendentales, ayudar a salir del propio egoísmo; ayudar a los que se educan para que vuelen con sus propias alas.

   Es muy importante  e imprescindible educar para la solidaridad, para la tolerancia, para el respeto, el trabajo;  es muy importante educar para la ciudadanía.

   Desde la educación inicial hay que creara valores, fortalecerlos y fomentarlos en la primaria y en la secundaria; y debe ser un trabajo que no solo se haga desde las escuelas, sino también desde los hogares, en los medios de comunicación, en la iglesia, en la comunidad en los sectores de la sociedad. Que educar en valores se transforme en un deber ciudadano.

   Sembremos un poco de esperanza ante esta sociedad deshumanizada, amenazada por la violencia y el terrorismo donde cunde la inseguridad ciudadana, el vandalismo callejero, el tráfico y consumo de drogas, los conflictos escolares y la violencia domestica.

   Es de urgente necesidad aprender a vivir en sociedad. Por eso es preciso asimilar de nuevo los grandes valores de la convivencia social y familiar para vivir con dignidad, en una sociedad plural, y descubrir los valores básicos para una convivencia pacifica: los valores, los derechos humanos, la vida que es el principal derecho humano, la solidaridad, la familia, la tolerancia, el espíritu de servicio, la entrega a los demás  ahí es donde esta la felicidad del autentico hombre, ser mas persona y ser mejor ciudadano.

    La violencia domestica, la violencia dentro del seno de la familia, es el germen, la semilla de la delincuencia. Un niño que crece en un hogar violento sera un futuro delincuente y sera también un padre violento y el ciclo se repite sucesivamente.

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